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sábado, 5 de enero de 2013

DE UNA MADRE A UNA HIJA...

¡Buenos días! Hoy es un día ajetreado para muchos: últimas compras, prisas y sobre todo mucha ilusión por ver la cara de ellos, los más pequeños, los protagonistas absolutos de este día. La magia sigue viva gracias a ellos, al menos en mi caso. 

Últimamente mis deseos son intangibles: salud, mucha salud, mucho amor y trabajo, que no falte. Ayer, mientras ojeaba el facebook vi que mi amiga Ana había colgado lo que os voy a enseñar hoy. Siempre leo todas las cosas que cuelga porque me gustan, me identifico mucho con su manera de pensar y siempre me sacan una sonrisa o lo más importante, me hacen reflexionar. 

En este caso, os dejo con esta carta de una madre a una hija... me emocioné tanto, que no he podido evitar compartirla con vosotros. Porque madre no hay más que una, y ojalá la tengamos a nuestro lado muchos años más. Esa madre que contribuyó a que el día 6 de enero comenzáramos felices los 365 días restantes y tantas cosas nos aportan... 

 ¡TE QUIERO MAMÁ!

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"Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido... por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. 

Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. 

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada. 

Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida. 

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. 

Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. 

Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. 

Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija" 


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