Llevo un par de semanas de un lado a otro sin parar y, en parte, uno nota cómo el cuerpo le pide "frena". Por otro lado, tengo ese instinto de "venga, no te detengas". Soy un "culo inquieto" y el estar parada me cuesta muchísimo, aunque tengo que reconocer que a veces hay que admitir que uno no puede llegar a todo y que quizá las cosas tienen que sucederse de manera más tranquila.
En un mundo en el que todo es para ayer, los emails son para ya y los proyectos de inmediato, a veces hay que ver las cosas con perspectiva y analizar la situación. Ayer llegué agotada de Madrid. Después de dos días de madrugones, días sin parar y viajes intensivos, y tras haber estado toda la semana pasada fuera de casa (eso descentra bastante) en cuanto llegué sobre las 10:30 quería comerme el mundo, hacer mil cosas y seguir trabajando. Pero no, no pude. Cené y prontito me fui a la cama.
Y hoy, a las 9 de la mañana estoy aquí escribiendo estas palabras. Hoy será también un día largo y ya que puedo permitirme dormir, he cogido fuerzas para el resto del día y de la semana que me espera. Hoy todo irá fluyendo e irán saliendo las cosas, poco a poco, despacio y buena letra, las prisas... ¡nunca fueron buenas consejeras!
Mientras tanto, os dejo con estas fotos de un ritmo muy slow de nuestras vacaciones en México. Las tenía guardadas para un día especial y qué mejor que éste. Porque cada día puede ser especial y hoy, por muchas razones que pronto os contaré... ¡lo va a ser!
Os dejo con Holbox, sus atardeceres tranquilos y una Rebeca muy relajada...
¡espero que os gusten las fotos!












