Deja
que la luz pase, que se cuele por tu ventana. Que te den los primeros rayos de
sol cuando comienza a amanecer, pese a que a priori, te moleste su luz. Siéntete
vivo desde primera hora de la mañana y vive el resto de la jornada con ilusión,
todo ocurre por alguna razón.
No
pierdas detalle de lo que acontece en torno a ti, ya no sólo en tus relaciones
con los demás (tan importantes y vitales en nuestra vida), sino en las cosas
cotidianas del día a día. A veces vivimos tan pegados a la pantalla de nuestro móvil,
que es cuando el 3G deja de funcionar, cuando nos damos cuenta de que tenemos
una vida real en la que suceden cosas, la comida no está en una foto, sino que
la puedes probar; los selfies son naturales mientras nos miramos al espejo y
nos atusamos el cabello, y a las personas podemos abrazarlas y besarlas en
lugar de piropearlas en una foto de Instagram…
El
post de hoy llega un poco reflexivo con estas fotos que me encantan de nuestro
viaje a Japón. Fueron tomadas concretamente en Tokio, antes de salir uno de los
días a descubrir su ciudad y perdernos por ella. Ya sabéis que Japón me hizo
sentir muchas cosas y descubrir nuevas sensaciones, de ese viaje vine
especialmente zen y me doy cuenta de que ha pasado ya casi un año. Me relajé,
disfruté muchísimo con Yago y además, me aportó unos valores de la sociedad
japonesa que mucho distan de los que hoy en día hay en nuestro país.
A
partir de ese viaje muchos me habéis notado más feliz, más optimista, más
vital, y la verdad, es que sí, ese viaje fue un oasis en el que nos perdimos
después de un año de no parar y nos sirvió para coger fuerza y
disfrutar, y más, si lo haces inmerso en una cultura diferente.
El
tiempo vuela, se nos escapa a una velocidad descomunal que no podemos
controlar. Los días son efímeros y las semanas fugaces, y como me decía mi
madre cuando era pequeña y soñaba con crecer “cada vez se te pasará más rápido
el tiempo”.
Los
días a veces parecen “calcos” del día anterior y eso que yo en ese sentido no
me quejo, mis jornadas son diferentes y por eso me siento viva y afortunada, no
me gusta la rutina, me gusta el cambio, las sorpresas y que cada día tenga algo
de novedoso y de mágico. Me apasiona el ritmo frenético, el no parar, pero a
veces… ¡el cuerpo pide calma, paz y una tarde sin hacer nada en el sofá, uno
domingo sin madrugar remoloneando en la cama o una tarde de cervezas que se convierta
en una noche de fiesta improvisada!
Fue
el viernes cuando me di cuenta de que el tiempo se me estaba escapando sin
darme cuenta. Estuve en casa con mis padres y mis sobrinos, y aprecié cómo
éstos ya no eran unos bebés sino unos niños preciosos, pero ya personitas
formadas con sus ideas, sus principios y cómo cada vez es estaban haciendo más
mayores… ¿Dónde estaban esos pequeños que dormían la siesta conmigo mientras
les contaba cuentos?
Nos
pasamos el día a día de un lado a otro, trabajando sin parar desde primera hora
hasta que cae la noche, vamos acelerados y a veces, nos olvidamos de las cosas
importantes, las cosas cotidianas. Si a eso le sumamos cómo las pequeñas
pantallas, nuestros móviles, se adueñan de gran parte de esos minutos que
tenemos para disfrutar con los nuestros, el cronómetro corre más rápido…
Me
he propuesto que este verano, voy a vivirlo intensamente. Quizá no tenga días
de playa y largas jornadas al sol, ni atardeceres de anuncio de cerveza rodeada
de fiestas mega guays, pero seguro que tengo la mejor compañía del mundo, mi
gente: familia, amigos y pareja a los que espero exprimir un poquito más estos
meses antes de que llegue el invierno y con él, la vorágine del curso escolar, pero
todavía queda, así que tranquilos, carpe diem y a vivir el momento… ¡El verano
no ha hecho más que empezar!
¡Feliz domingo!
Sígueme en / Follow me on






















.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)



