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lunes, 29 de abril de 2019

MI PATA CHULA


El día que me caí, sabía que algo no había ido bien. Llevaba mis Converse nuevas, bajábamos felices a Cala Tarida (en Ibiza) por sus escaleras y de una manera muy tonta, me resbalé y me caí. Fue una caída tonta, un poco aparatosa porque todo el mundo pensaba que me había fracturado la rodilla (se me giró totalmente), pero yo ya sabía que no, noté cómo algo en el pie no iba bien, es como si me lo hubieran "arrancado" y luego vuelto a poner. Aun así, pude ponerme de pie, caminar, poner el pie en la playa y sentarme mientras la primera bolsa con hielo actuaba. Ese día fue el único que me dolió un poco el pie, el resto... ¡ya no me ha vuelto a molestar así que puedo sentirme una auténtica privilegiada! Al día siguiente, regreso a la Península con servicio de asistencia tanto en el vuelo como en el ave, ¡qué gran labor hacen y qué bien tratan al personal! ¡No sé qué hubiera hecho sin ellos para ese viaje de vuelta!

Llegué a casa y después de médicos y radiografías el diagnóstico era claro, me había roto el peroné y había que escayolar e incluso quizá operar porque había un ligerísimo desplazamiento. Imaginaros: yo que iba por un simple esguince, ya que podía apoyar y caminar lentamente, pero podía hacerlo, no esperaba que hubiera nada roto ya que no tenía dolor, algo que los médicos no se explican ya que según ellos, me tendría que doler, y mucho... ¡algo bueno tenía que tener, tengo mucha resistencia al dolor!

Reconozco que en ese momento se me vino el mundo a los pies. Sé que para muchos es una "simple rotura" y que desde fuera, todo parece más fácil, pero a mí se me habían trastocado todos los planes, todo mi calendario y lo más importante: iba a depender de una persona para todo ya que no podía moverme por mí misma. Esa tarde lloré, incluso en la consulta la Doctora me dijo: "échate unos lloros que te vendrá bien" y así lo hice. Con lo activa que soy yo, me imaginaba quieta, parada, pidiendo en todo momento lo que necesitaba a Yago porque yo no podía ir a cogerlo o a buscarlo y sobre todo, pinchándome la dichosa heparina cada día... ¡ahora me río! Yo, la persona más aprensiva del planeta pues tenéis que verme con qué "arte" lo hago a diario, aunque después del primer pinchazo me eché unos lloros de lo impresionada que estaba, que todo en la vida sea esto...


Ese primer día e incluso la mañana siguiente estaba triste, muy triste. Me veía muy limitada para todo, ya no os digo para algo tan básico como ir a por agua, ducharte o lavarte los dientes. ¡Era todo una odisea con la escayola! Yo creo que me sentía tan mal sobre todo el por síndrome de dependencia, el no poder valerme por mí misma, el querer ir a algún sitio y no poder levantarte, esa falta de autonomía que cuando la tenemos, no la valoramos como debiéramos, y eso que yo cada día medito y doy gracias por todo y me considero una persona más que agradecida, pero no era suficiente...

Esos primeros días fueron de adaptación y sobre todo de aceptación. 
Aceptar que a veces las cosas llegan así, sin esperarlas y trastocan todos nuestros planes, poniendo nuestro mundo patas arriba.
Aceptar que por mucho que planifiques, ciertas cosas se escapan de tu alcance y no se pueden preveer.
Aceptar que el camino va a ser un poquito largo (ahora ya queda menos) y que toca cultivar la paciencia.
Aceptar que esto es solo una pequeña piedra en el camino y que estoy segura de que pasará y me reiré y lo recordaré como una anécdota, como una temporada en la que tuve que aprender de nuevo algunas cosas y tuve que organizar mi escala de valores.

Muchas me dijisteis lo siguiente: "cuando tú no paras el mundo te para". No sé si estoy del todo de acuerdo, pero sí que llevaba una temporada muy activa, yendo de un lado a otro sin apenas descansar y siempre con mil viajes y cosas en la cabeza. Yo me encontraba bien la verdad, siempre me ha gustado sentirme activa y sentir que no paro quieta, pero quizá mi cuerpo necesitaba esto, un descanso. Quizá necesitaba estar tumbada viendo Netfix sin pensar en nada más, quizá necesitaba terminar ese libro que estaba deseando  o simplemente quizá necesitaba pasar más tiempo con los míos, una razón más que suficiente para parar y echar el freno de mano.

Hoy estoy feliz porque de momento no hay que operar, estoy colmada de muestras de afecto y cariño y estoy muy pero que muy animada planteando las cosas desde otro prisma.



Es cierto que todo pasa por algo y que hay que aceptar las cosas como vienen. Hoy puedo decir que estoy feliz, cada día que pasa es un día menos y esto en nada está superado... ¡estoy más animada que nunca! La cuenta atrás ha comenzado y yo estoy emocionada... ¡cada día miro el calendario y cuento los días jejeje! Antes sentía que los días se me pasaban volando y os prometo que estos primeros días se me hicieron muy lentos, pero ahora espero tener la mente activa y seguro que así los días "vuelan".

En un primer momento me agobié mucho por mi trabajo, por ciertos compromisos laborales que tenía cerrados desde hace tiempo y que para un autónomo, son muy importantes... Ya no os hablo de viajes especiales o incluso mis vacaciones de mayo que me iba a coger, eso se ha podido cambiar y aceptar que no era el momento, pero el trabajo... ¡ay el trabajo, qué importancia le damos! En torno a él giraba todo, sobre todo cuanto tus ingresos y los de tu equipo dependen directamente de eso, pero al final, todo tiene solución y todo va saliendo :)

Cómo he cambiado desde aquélla tarde en la que por Stories, parecía que se me venía el mundo abajo... ¡cuándo agradecí vuestros mensajes, muestras de cariño, testimonios parecidos e incluso consejos de fisios y médicos que estáis allí día tras día apoyando! Entre todos esos mensajes, sólo uno desagradable, el de una persona que me dijo que "ojalá no tuviera una enfermedad peor como el cáncer" y ahí comprendí una vez más, la falta de empatía de las personas. Desde fuera todo lo vemos fácil, sin complicaciones y claro que esto es una rotura y me curaré, volveré a caminar y de esta saldré fortalecida, pero como persona que tengo sentimientos, tenía derecho a llorar, tener un mal día, derrumbarme y luego levantarme... ¡faltaba más! Así que que nunca os digan cómo os tenéis que sentir o cómo debéis de actuar, al final cada persona tiene lo suyo, sus circunstancias y sus momentos y eso es totalmente respetable. Hay quien llora por no encontrar un vestido en una tienda y yo jamás me atrevería a decirle ninguna barbaridad... cada uno es de una manera y necesita sus plazos y tiempos para ciertas cosas.

Dicho esto: solo puedo daros las GRACIAS con mayúsculas una vez más. Por tanto cariño, por tanto apoyo, por tanta energía.

Afrontar esto con una sonrisa, no solo me está ayudando a relativizar todo y verlo desde un prisma positivo, sino que además, me hace levantarme cada día feliz y no dramatizar ahora mismo con otros problemas que yo pensaba que eran problemas... Mi #patachula en breve será una anécdota y un recuerdo, pero seguro que de esta aprendo muchísimas cosas... ¡seguro!

Los límites muchas veces nos los ponemos nosotros mismos y uno al final se da cuenta, 
de que somos más fuertes de lo que creemos... ¡podemos con todo!

jueves, 17 de diciembre de 2015

PSICOLOGÍA PARA LA VIDA & MINDFULNESS


Como os conté en este post más especial, estos últimos han sido meses de cambios, de tomar decisiones y también de un poquito de estrés, generado por la vorágine del día a día, por las prisas (que no son buenas consejeras) y por ese síndrome de “esto tiene que estar listo urgentemente para ayer”. Seguro que muchos de vosotros mientras leéis este email os sentís identificados. Quizá porque en estos meses mi mente ha estado un poco caótica, ha habido menos post de reflexión de los que me gustaría haber hecho y que tanto agradecéis, pasando a post en los que os manifestaba mi necesidad de parar un poquito y de poner freno a esas prisas y urgencias con las que todos luchamos a diario. 


Siempre he sido una persona muy tranquila, muy metódica y organizada en mi trabajo. Creo que lo sigo siendo jejeje. Pero hubo unas semanas en las que se me juntaron muchas cosas y en las que la situación me sobrepasó. Me acostaba pensando en toooodo lo que tenía que hacer, lo que se había quedado pendiente y además, se me aceleraba el corazón pensando en todo lo que no había podido hacer. Me ocurrió en varias ocasiones y esa sensación de angustia no es nada aconsejable. Menos mal que eso forma parte del pasado, aunque estoy fortalecida para que no vuelva a ocurrir, hoy lo veo todo desde otra perspectiva. 

Durante ese tiempo apareció Lucía. Recuerdo perfectamente que su email llegó en un día de estos de no parar y de esos en los que te duelen los ojos de llevar tanto rato frente a la pantalla. Me metí en su web y me transmitió una paz y una serenidad tremenda. Leyendo su bio vi que era psicóloga y que además, era consultora en Mindfulness, técnica de la que ya os he hablado en alguna otra ocasión (aquí) y que nos invita a observar, a detenernos y disfrutar del momento, siendo conscientes plenamente de la situación que estamos viviendo en el presente, en el aquí y ahora. 


En su email me invitaba a acercarme a su consulta para enseñármela, relajarme y recibir asesoría personalizada. Dije que sí. Llegó en un momento en el que necesitaba una guía y como dice la propia Lucía, “la psicología es principalmente movimiento. Es el viaje que te lleva a parar y mirar. A sentirnos para vivir más y mejor. A analizar los diferentes caminos y elegir. Casi sin darte cuenta, aprendes a reconocer que puedes seguir creciendo sin tus propios límites. Que tu bienestar es mucho más que estar bien y que tu salud emerge del propio equilibrio” 
Me acerqué a su consulta en Huesca y pasé una mañana en la que solté tensiones y me liberé. 

Hablando con Lucía me relajé por completo, le conté mis miedos, lo que me inquietaba pero también, lo que me hacía feliz. Ella me escuchó atentamente y me dio unas pautas muy valiosas para mi día a día, para “descongestionar” mi mente y vivir más tranquila, con menos estructura y más feliz. Soy una persona tremendamente organizada y muy estricta en muchos aspectos y a veces, hay que dejarse llevar y dejar que las cosas vayan sucediendo. 


Escuchar sus consejos es una auténtica maravilla. Es como si te fuera calmando poco a poco y te hiciera ver las cosas desde otra perspectiva. Sentí que empatizó con todo lo que le conté y que sus consejos a día de hoy, me siguen sirviendo muchísimo. 

Así, tras estar hablando con ella decidí cambiar algunas cosas de mi propio camino, a cambiar lo que quiero que cambie y aceptar todo lo demás. Dejas y haces que suceda. Das valor a tus propios silencios, como los que me acompañan en mis constantes viajes en Ave. Te mueves para ser lo más genuino de ti mismo. Tropiezas, aprendes, lo consigues y continuas. Así sucesivamente. 


Podéis conocer más sobre Lucía y su trabajo aquí. Os la recomiendo: te abre los ojos, hace que vuelvas a tu camino cuando te has salido de él y te anima a llevar una vida mejor. Además, ofrece también el servicio de consultas online así que… ¡no hay excusas! 

En las fotos podréis apreciar el precioso ambiente de paz y armonía de su consulta. Una auténtica maravilla. Mientras esperas puedes servirte un té o una infusión y luego una vez dentro, es como estar en el salón de tu casa… Esa luz natural que entra relaja tanto y ese ambiente es sencillamente magnífico… ¡yo que me esperaba la típica consulta con diván! ☺ 

Pantalones: Primark. Jersey: Asos. Botas: Purificación García. Collar: Violeta by Mango


Gracias Lucía por enseñarme que eso es psicología: es tu experiencia, tu movimiento, es tu pensamiento, es el éxito de ser Tú.


Y mientras disfrutamos del día a día y nos dejamos llevar, os dejo la selección shopping de hoy que espero que os guste :) ¡Un abrazo!

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