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martes, 26 de enero de 2021

GANAS DE TODO

Son días inciertos, raros y extraños. Nos empieza a pesar toda esta situación, y quien diga que no, lo siento, pero no le creo, y yo soy muy de creer y de confiar, pero hasta un punto, pero la situación ahora mismo: se hace larga.

¿A quién no se le hace duro ver a sus seres queridos, abrazarles, besarles? ¿A quién no se le hace duro quedar a comer o cenar son sus amigos? Esas cañas, esos cafés sin miedo, esas palmaditas sin gel... A mí se me está haciendo cuesta arriba, no os miento.

¿Y los viajes, la libertad de coger el coche e irte a la comunidad autónoma más cercana sin gel y sin mascarilla? La genialidad de descubrir lugares, nuevos cafés, restaurantes, nuevas personas... sí, se hace otra vez cuesta arriba.

Ya no os hablo de la salud: el rezar cada noche para que nuestra familia esté bien, para que sigamos como estamos, tocando madera, sin sobresaltos, sin sustos, sin nada por lo que temer... pero al mismo tiempo, estamos temiendo todo.

Por otro lado luego miro a mi alrededor y estas ideas se desvanecen: me siento en calma, me siento en paz, me siento bien, aunque hay días de todo, en los que estoy mejor y con ganas de comerme el mundo y otros, en los que el mundo se me come a mí.

Uno de los objetivos de este 2021 era sonreír un poquito más, ya os lo conté en este post de Instagram. De momento, se va cumpliendo, pero hay días de todo tipo.

Enero está siendo un ejercicio de introspección, de fuerza, de motivación y porqué no decirlo, también de ganas, de muchas ganas.

Ganas de vivir

Ganas de abrazar

Ganas de soñar despierto

Ganas de abrazar

Ganas de viajar

Ganas de sentir al máximo

Pero sobre todo, ¡ganas de saborear la vida al máximo!

Y tú, ¿de qué tienes ganas? ¡Cuéntamelo!

miércoles, 25 de marzo de 2020

COVID-19: DIARIO DE UNA CUARENTENA


¿Recuerdas cuando eras libre para salir y para entrar? Para decidir a dónde ir, tuvieras un objetivo marcado o sin rumbo... La vida nos ha dado una bofetada de realidad ante la situación que estamos viviendo y parece que estamos dentro de una película, ¿verdad?



Sí, así son las cosas. De pronto, nuestra libertad se ha visto reducida, nosotros, que deambulábamos libremente y hacíamos literalmente, lo que queríamos. No éramos conscientes de la situación, de la grave situación, hasta que nos dimos de bruces con la realidad. Una realidad que no queríamos ver, que no queríamos tener delante y por eso la apartábamos con la mano. Pero ya era tarde, el temido Coronavirus estaba delante de nosotros, delante de nuestro hogares, de nuestros trabajos, de nuestros sentimientos y de nuestra manera de sentir y de vivir la vida.

Poco margen de reacción y un montón de dudas hasta que comprendimos la situación, la rapidez de contagio y esa curva que todos deseamos que baje para que la salud se vuelva a instaurar y poder volver a nuestra bendita normalidad...


Y de pronto nos dimos cuenta de que éramos personas de éxito: porque teníamos libertad, reuniones familiares, quedadas con amigos, viajes esporádicos y un trabajo. Lo teníamos todo. Nosotros decidíamos cuando salir y cuando entrar, los fines de semana caseros no era una obligación, sino un lujo que disfrutar, y ahora que los tenemos, tenemos que sacarles el máximo juego posible... 


Nos esperan largas semanas encerrados, haciendo frente a este bicho que ha puesto patas arriba nuestra vida y la ha desmontado por completo... pero tranquilos, todo volverá a la normalidad y volveremos a ser los que éramos, no seremos los mismos, sino que SEREMOS MEJORES.

Más solidarios, más empáticos, más generosos... Sé que también tendremos más miedo e iremos con más cautela, de eso no te quepa duda, nos volveremos más temerosos pero valoraremos todo mucho mucho más... ¡seguro!


Echamos de menos abrazos, besos, los consejos repetitivos de nuestra madre y sus sabias palabras, las rutinas, esos paseos sin rumbo, el cine, el tomarte un café en cualquier lugar y a cualquier hora... A los abuelos quienes los tengáis, a la familia que está lejos, el poder salir a comprarte tu postre favorito, las escapadas de fin de semana...

Pero tienes que hacerlo por ti. Por mí. Por tu familia. Por tus amigos, por tus vecinos, por todo.
Así que sé responsable y... #quédateencasa


lunes, 29 de abril de 2019

MI PATA CHULA


El día que me caí, sabía que algo no había ido bien. Llevaba mis Converse nuevas, bajábamos felices a Cala Tarida (en Ibiza) por sus escaleras y de una manera muy tonta, me resbalé y me caí. Fue una caída tonta, un poco aparatosa porque todo el mundo pensaba que me había fracturado la rodilla (se me giró totalmente), pero yo ya sabía que no, noté cómo algo en el pie no iba bien, es como si me lo hubieran "arrancado" y luego vuelto a poner. Aun así, pude ponerme de pie, caminar, poner el pie en la playa y sentarme mientras la primera bolsa con hielo actuaba. Ese día fue el único que me dolió un poco el pie, el resto... ¡ya no me ha vuelto a molestar así que puedo sentirme una auténtica privilegiada! Al día siguiente, regreso a la Península con servicio de asistencia tanto en el vuelo como en el ave, ¡qué gran labor hacen y qué bien tratan al personal! ¡No sé qué hubiera hecho sin ellos para ese viaje de vuelta!

Llegué a casa y después de médicos y radiografías el diagnóstico era claro, me había roto el peroné y había que escayolar e incluso quizá operar porque había un ligerísimo desplazamiento. Imaginaros: yo que iba por un simple esguince, ya que podía apoyar y caminar lentamente, pero podía hacerlo, no esperaba que hubiera nada roto ya que no tenía dolor, algo que los médicos no se explican ya que según ellos, me tendría que doler, y mucho... ¡algo bueno tenía que tener, tengo mucha resistencia al dolor!

Reconozco que en ese momento se me vino el mundo a los pies. Sé que para muchos es una "simple rotura" y que desde fuera, todo parece más fácil, pero a mí se me habían trastocado todos los planes, todo mi calendario y lo más importante: iba a depender de una persona para todo ya que no podía moverme por mí misma. Esa tarde lloré, incluso en la consulta la Doctora me dijo: "échate unos lloros que te vendrá bien" y así lo hice. Con lo activa que soy yo, me imaginaba quieta, parada, pidiendo en todo momento lo que necesitaba a Yago porque yo no podía ir a cogerlo o a buscarlo y sobre todo, pinchándome la dichosa heparina cada día... ¡ahora me río! Yo, la persona más aprensiva del planeta pues tenéis que verme con qué "arte" lo hago a diario, aunque después del primer pinchazo me eché unos lloros de lo impresionada que estaba, que todo en la vida sea esto...


Ese primer día e incluso la mañana siguiente estaba triste, muy triste. Me veía muy limitada para todo, ya no os digo para algo tan básico como ir a por agua, ducharte o lavarte los dientes. ¡Era todo una odisea con la escayola! Yo creo que me sentía tan mal sobre todo el por síndrome de dependencia, el no poder valerme por mí misma, el querer ir a algún sitio y no poder levantarte, esa falta de autonomía que cuando la tenemos, no la valoramos como debiéramos, y eso que yo cada día medito y doy gracias por todo y me considero una persona más que agradecida, pero no era suficiente...

Esos primeros días fueron de adaptación y sobre todo de aceptación. 
Aceptar que a veces las cosas llegan así, sin esperarlas y trastocan todos nuestros planes, poniendo nuestro mundo patas arriba.
Aceptar que por mucho que planifiques, ciertas cosas se escapan de tu alcance y no se pueden preveer.
Aceptar que el camino va a ser un poquito largo (ahora ya queda menos) y que toca cultivar la paciencia.
Aceptar que esto es solo una pequeña piedra en el camino y que estoy segura de que pasará y me reiré y lo recordaré como una anécdota, como una temporada en la que tuve que aprender de nuevo algunas cosas y tuve que organizar mi escala de valores.

Muchas me dijisteis lo siguiente: "cuando tú no paras el mundo te para". No sé si estoy del todo de acuerdo, pero sí que llevaba una temporada muy activa, yendo de un lado a otro sin apenas descansar y siempre con mil viajes y cosas en la cabeza. Yo me encontraba bien la verdad, siempre me ha gustado sentirme activa y sentir que no paro quieta, pero quizá mi cuerpo necesitaba esto, un descanso. Quizá necesitaba estar tumbada viendo Netfix sin pensar en nada más, quizá necesitaba terminar ese libro que estaba deseando  o simplemente quizá necesitaba pasar más tiempo con los míos, una razón más que suficiente para parar y echar el freno de mano.

Hoy estoy feliz porque de momento no hay que operar, estoy colmada de muestras de afecto y cariño y estoy muy pero que muy animada planteando las cosas desde otro prisma.



Es cierto que todo pasa por algo y que hay que aceptar las cosas como vienen. Hoy puedo decir que estoy feliz, cada día que pasa es un día menos y esto en nada está superado... ¡estoy más animada que nunca! La cuenta atrás ha comenzado y yo estoy emocionada... ¡cada día miro el calendario y cuento los días jejeje! Antes sentía que los días se me pasaban volando y os prometo que estos primeros días se me hicieron muy lentos, pero ahora espero tener la mente activa y seguro que así los días "vuelan".

En un primer momento me agobié mucho por mi trabajo, por ciertos compromisos laborales que tenía cerrados desde hace tiempo y que para un autónomo, son muy importantes... Ya no os hablo de viajes especiales o incluso mis vacaciones de mayo que me iba a coger, eso se ha podido cambiar y aceptar que no era el momento, pero el trabajo... ¡ay el trabajo, qué importancia le damos! En torno a él giraba todo, sobre todo cuanto tus ingresos y los de tu equipo dependen directamente de eso, pero al final, todo tiene solución y todo va saliendo :)

Cómo he cambiado desde aquélla tarde en la que por Stories, parecía que se me venía el mundo abajo... ¡cuándo agradecí vuestros mensajes, muestras de cariño, testimonios parecidos e incluso consejos de fisios y médicos que estáis allí día tras día apoyando! Entre todos esos mensajes, sólo uno desagradable, el de una persona que me dijo que "ojalá no tuviera una enfermedad peor como el cáncer" y ahí comprendí una vez más, la falta de empatía de las personas. Desde fuera todo lo vemos fácil, sin complicaciones y claro que esto es una rotura y me curaré, volveré a caminar y de esta saldré fortalecida, pero como persona que tengo sentimientos, tenía derecho a llorar, tener un mal día, derrumbarme y luego levantarme... ¡faltaba más! Así que que nunca os digan cómo os tenéis que sentir o cómo debéis de actuar, al final cada persona tiene lo suyo, sus circunstancias y sus momentos y eso es totalmente respetable. Hay quien llora por no encontrar un vestido en una tienda y yo jamás me atrevería a decirle ninguna barbaridad... cada uno es de una manera y necesita sus plazos y tiempos para ciertas cosas.

Dicho esto: solo puedo daros las GRACIAS con mayúsculas una vez más. Por tanto cariño, por tanto apoyo, por tanta energía.

Afrontar esto con una sonrisa, no solo me está ayudando a relativizar todo y verlo desde un prisma positivo, sino que además, me hace levantarme cada día feliz y no dramatizar ahora mismo con otros problemas que yo pensaba que eran problemas... Mi #patachula en breve será una anécdota y un recuerdo, pero seguro que de esta aprendo muchísimas cosas... ¡seguro!

Los límites muchas veces nos los ponemos nosotros mismos y uno al final se da cuenta, 
de que somos más fuertes de lo que creemos... ¡podemos con todo!

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